A veces, cuando más destrozados estamos, aparece alguien dispuesto a arreglarnos, pieza por pieza, con mucha paciencia y cariño.
Cuando tu apareciste yo ya estaba en el desguace, rota,
oxidada, sin piezas, con demasiados kilómetros recorridos en mi corta vida, era
un coche que jamás esperaba ser arreglado, pero llegaste tú, y con esmero
rescataste esta chatarra y la convertiste en algo nuevo.
No te esperaba para nada, apareciste sin más, pensaba, que
como todos, no te quedarías mucho tiempo pero para mi sorpresa aquí sigues,
echando aceite a mi motor cada día para que no vuelva a oxidarme.
Al fin y al cabo eso es el amor, ir echando aceite día a día
para que no se oxide, cuidándolo con esmero y paciencia como si fuese un coche
clásico, al que se debe mimar y tratar con cautela por su fragilidad y largo
camino recorrido.
Yo era un coche clásico y a ti te encantaba cuidarme, por
eso tú, que llegaste sin esperarlo, y te quedaste, siempre serás mi conductor
favorito.
Comentarios
Publicar un comentario